Sonrisa entristecida
Faltaban
pocos minutos para que la jornada del día lunes terminará. –maestra, ¿cuánto
falta para salir?, preguntaba un niño al fondo del salón. –Poco, ¿verdad
maestra? Pero si no anotas la tarea no vas a salir. Contestaba uno de sus compañeros.
Es cierto, falta poco para salir y podrán hacerlo los que ya hayan terminado de
escribir la tarea, comenté a los niños.
Sonó
el timbre, mientras la mayoría guardaba sus cosas para salir dos niños terminaban
de escribir. –Ya terminé, puedo guardar mis cosas. Me preguntó uno de ellos.
Solo respondí con un gesto afirmativo. –Ya casi termino maestra. Decía Jared,
ansioso de regresar a casa. -¡Por fin!, dijo. –guarda tus cosas, contesté y no
se te olvide hacer la tarea.
–Jovana
¿todavía no vienen por ti?, pregunté a la niña. Me respondió con un corto, no. -¿quieres
jugar en lo que llegan por ti?, emocionada tomó una de las pelotas y la pateó a
donde estaba. Entonces, me percaté de algo, Jovana, mi alumna y yo vestíamos
los mismos tenis. –Mira, Jovana- le dije, mostrándole mi tenis. –Son los
mismos, y una sonrisa fascinante marcó su pequeño rostro. – ¿Te parece si se lo
presumimos a los otros maestros? –pregunté. La sonrisa, seguía en su rostro.
Una sonrisa pura, inocente, de una niña de 6 años que vive feliz a pesar de
todas las circunstancias de su vida. Tomé su mano y corrimos hacía mis
compañeros. Ese momento fue especial, no sé si fue lo más correcto que pude hacer
pero por ese instante, sentí como si fuera la hermana mayor de Jovana apuntó de
hacer una travesura para después ser regañadas.
-Miren,
dije a mis compañeros. Jovana y yo pusimos nuestros pies enfrente. –Son
iguales- dijo ella. –Bueno, uno más grande- complementé. Las risas invadieron
el momento, -¡qué bonito!- dijo una de mis compañeras, -ya se tomaron una foto-
comentó otra. –Aún no, ¿pueden tomarnos una? Aquel momento fue maravilloso. De
regreso a la puerta solo podía ver la felicidad de Jovana reflejada en su
sonrisa.
-¿Ya
llegaron por ti?- pregunté a Jovana. –Aún no, contesto ella. -¿y quién viene
por ti?, -mi prima, contestó. Y, ¿tu mami?, -trabaja. ¿Con quién pasas la
tarde?, -con mi hermano mayor y a veces con mi papá. El diálogo siguió. Jovana contaba
parte de su vida con cierto dolor pero al mismo tiempo con inocencia. La
sonrisa que tenía hace poco en su rostro y que al parecer iba a tardar mucho en
desaparecer, se borraba poco a poco.
Pensando
un poco más en lo que Jovana me contó, pude entender algunos aspectos de su
personalidad. Una estudiante brillante, que a veces necesita un poco de apoyo y
comprensión para brillar aún más. También pensé en cómo son mis clases. Son lo
suficientemente interesantes y atractivas para que no sea algo tedioso y
aburrido para mis estudiantes, cumpliendo al mismo tiempo con sus necesidades.
Más
importante aún, considero es, el sentido humanista de la docencia. Tomar la
enseñanza como principal y única responsabilidad ya no es posible, por lo menos
en mi práctica. Conocer la historia de vida de los estudiantes me permitirá
entender parte de su personalidad o de su actuar, como con Jovana. Entonces lo
descrito en el párrafo anterior se cumplirá de manera automática.

¡Felicidades!, la historia es extraordinaria. El trabajo de redacción es muy bueno. Sólo te recomiendo revisar los signos de puntuación, por ejemplo en el segundo párrafo, cuando haces referencia a lo que te preguntó uno de los estudiantes.
ResponderBorrarTu personalidad como docente dentro del aula se fortalece gracias a experiencias como estas. Tu escrito es fácil de leer gracias a que sabes utilizar los recursos necesarios para atraer a tu lector. El destinatario lo tienes muy claro.
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