martes, 12 de diciembre de 2017

Corrección de textos

La corrección
Y tu, ¿corriges los textos?, ¿cómo lo haces?
Este es un vídeo con una nueva perspectiva para corregir textos.
Espero sea de tu agrado!
https://youtu.be/BNc__8TymNk


domingo, 10 de diciembre de 2017

Sonrisa entristecida
Faltaban pocos minutos para que la jornada del día lunes terminará. –maestra, ¿cuánto falta para salir?, preguntaba un niño al fondo del salón. –Poco, ¿verdad maestra? Pero si no anotas la tarea no vas a salir. Contestaba uno de sus compañeros. Es cierto, falta poco para salir y podrán hacerlo los que ya hayan terminado de escribir la tarea, comenté a los niños.
Sonó el timbre, mientras la mayoría guardaba sus cosas para salir dos niños terminaban de escribir. –Ya terminé, puedo guardar mis cosas. Me preguntó uno de ellos. Solo respondí con un gesto afirmativo. –Ya casi termino maestra. Decía Jared, ansioso de regresar a casa. -¡Por fin!, dijo. –guarda tus cosas, contesté y no se te olvide hacer la tarea.
Nos dirigimos al portón. -¡Adiós maestra!, se despedían algunos. -¡Adiós!, que les vaya bien, no olviden la tarea, me limitaba a contestar. La maestra titular terminó de entregar a todos los niños menos a una niña. –Caro, puedes esperar a que lleguen por Jovana, sino la encargas con doña Mari, -no se preocupe maestra, me espero, contesté.
–Jovana ¿todavía no vienen por ti?, pregunté a la niña. Me respondió con un corto, no. -¿quieres jugar en lo que llegan por ti?, emocionada tomó una de las pelotas y la pateó a donde estaba. Entonces, me percaté de algo, Jovana, mi alumna y yo vestíamos los mismos tenis. –Mira, Jovana- le dije, mostrándole mi tenis. –Son los mismos, y una sonrisa fascinante marcó su pequeño rostro. – ¿Te parece si se lo presumimos a los otros maestros? –pregunté. La sonrisa, seguía en su rostro. Una sonrisa pura, inocente, de una niña de 6 años que vive feliz a pesar de todas las circunstancias de su vida. Tomé su mano y corrimos hacía mis compañeros. Ese momento fue especial, no sé si fue lo más correcto que pude hacer pero por ese instante, sentí como si fuera la hermana mayor de Jovana apuntó de hacer una travesura para después ser regañadas.
-Miren, dije a mis compañeros. Jovana y yo pusimos nuestros pies enfrente. –Son iguales- dijo ella. –Bueno, uno más grande- complementé. Las risas invadieron el momento, -¡qué bonito!- dijo una de mis compañeras, -ya se tomaron una foto- comentó otra. –Aún no, ¿pueden tomarnos una? Aquel momento fue maravilloso. De regreso a la puerta solo podía ver la felicidad de Jovana reflejada en su sonrisa.
-¿Ya llegaron por ti?- pregunté a Jovana. –Aún no, contesto ella. -¿y quién viene por ti?, -mi prima, contestó. Y, ¿tu mami?, -trabaja. ¿Con quién pasas la tarde?, -con mi hermano mayor y a veces con mi papá. El diálogo siguió. Jovana contaba parte de su vida con cierto dolor pero al mismo tiempo con inocencia. La sonrisa que tenía hace poco en su rostro y que al parecer iba a tardar mucho en desaparecer, se borraba poco a poco.
Pensando un poco más en lo que Jovana me contó, pude entender algunos aspectos de su personalidad. Una estudiante brillante, que a veces necesita un poco de apoyo y comprensión para brillar aún más. También pensé en cómo son mis clases. Son lo suficientemente interesantes y atractivas para que no sea algo tedioso y aburrido para mis estudiantes, cumpliendo al mismo tiempo con sus necesidades.
Más importante aún, considero es, el sentido humanista de la docencia. Tomar la enseñanza como principal y única responsabilidad ya no es posible, por lo menos en mi práctica. Conocer la historia de vida de los estudiantes me permitirá entender parte de su personalidad o de su actuar, como con Jovana. Entonces lo descrito en el párrafo anterior se cumplirá de manera automática.  


jueves, 2 de noviembre de 2017

Sakura


Sakura era una bella joven japonesa. Sus padres la querían tanto, no le faltaba ni amor ni cosas materiales, haciendo que su corta vida fuera de lo más agradable y perfecta. Esta felicidad le duró hasta los 20 años pues a esta edad tendría un matrimonio arreglado. Makoto era el joven elegido, un samurái apuesto, valiente, de gran corazón y buenos modales. Al cabo de unas semanas la boda se realizó y la joven pareja comenzó su nueva vida en una pequeña villa al sur del país.
Después de un tiempo la guerra detonó, el imperio japonés mando reclutar a todos los samuráis de la nación. Una mañana el guardia real llamó a la puerta de la nueva pareja pidiendo la presencia de Makoto en el ejército. Al saber la noticia Sakura entristeció y pidió a Makoto que se quedará con ella, a pesar que era un matrimonio arreglado Makoto no le era indiferente además que nunca había estado sola y le daba miedo estarlo.
El deber llamaba al joven samurái. Una mañana listo para partir regaló un pequeño árbol de cerezo a su esposa pidiendo que lo cuidara, y animándola diciendo que regresaría antes de que el árbol comenzará a florecer. Sakura tuvo que resignarse y dejarlo marchar. La promesa le hacía creer que el tiempo de espera iba a ser corto y que la soledad no le afectaría. Con un dulce beso en la frente Makoto se despidió de su amada, a los pocos segundos Sakura solo alcanzaba a ver una silueta borrosa alejándose cada vez más.
Los días empezaron a pasar y pronto se convirtieron en semanas, meses e incluso años. Lo único que mantenía viva a Sakura era la promesa y el árbol de cerezo, el cual visitaba todas las mañanas viendo cómo se llenaba poco a poco de más pétalos blancos, pero entonces Sakura aceptó que Makoto ya no regresaría.
Al cabo de unos días un joven apuesto llegó a la villa, pasó delante de la casa y vio los hermosos pétalos blancos del árbol sobresalir entre la maleza del jardín, por lo que decidió prestar sus servicios como jardinero. Cuando Takuma y Sakura se vieron sus miradas se fusionaron en una sola, clavándose en lo más profundo de sus ojos. La joven pudo decir: -Lo único que puedo ofrecerte es comida y un pequeño sueldo. Takuma sin pensarlo aceptó y a la mañana siguiente muy temprano comenzó a trabajar en el jardín.
La convivencia creció, pasaban mucho tiempo juntos, platicando, riendo, bromeando entre ellos. Se complementaban muy bien. Sakura descubrió un sentimiento que no había sentido antes ni con Makoto ni en su infancia. Constantemente se preguntaba si era amor pero no sabía, ni tampoco sabía si Takuma sentía lo mismo, lo único que podía asegurar era que el sentimiento crecía cada vez más y que necesitaba a Takuma para sentirse completa.
Era un día cálido, Sakura y Takuma descansaban debajo del cerezo, entonces, Takuma robó dulcemente un besó a la joven. Sakura correspondió y sintió como el hormigueo creció, aceptando que ese sentimiento si era amor. Los días siguientes los pasaron juntos, disfrutando de la compañía uno del otro, viendo la magia de la naturaleza y escuchando las hermosas melodías de los pajarillos. Aquella primavera, fue tal vez la mejor para Sakura.   
Una tarde, un caballero alto y de buen porte se acercó a la casa. Makoto había regresado de la guerra. Su sorpresa, ver que el árbol había crecido fuerte y saludable, además, la traición de su mujer. Sakura se excusó diciendo que nunca tuvo noticias de él, y que su matrimonio arreglado era muy difícil de salvar. Makoto no soportó aquella traición y al pie del árbol de cerezo -que había visto crecer el amor de Sakura y Takuma- acabó con la vida de ambos, apareciendo un gran río rojo que tardó mucho tiempo en desaparecer.
Llegado el otoño las flores comenzaron a caer, pronto aquellas ramas coloridas se convirtieron en ramas secas. Makoto lo veía con felicidad y al mismo tiempo con odio, recordaba los pocos momentos felices que había pasado con su esposa antes de partir, pero también, recordaba a su mujer en brazos de otro hombre. Entonces decidió talar el árbol al llegar la primavera, solo tenía recuerdos y estos fueran buenos o malos su corazón dolía.
La primavera llegaba y los primeros rayos del sol acariciaban las ramas del infortunado árbol. Entonces este emitió un resplandor rosáceo y blanquecino. Sorprendido, Makoto se acercó. Vio pequeñas y hermosas flores brotando de las ramas. Esta primavera fue diferente, al menos para el árbol. Los pétalos dejaron de ser blancos, para tonarse en un color rosa, Makoto quedó maravillado y decidió mantenerlo en su jardín.
Cuenta la leyenda, que a partir de que el amor de Sakura y Takuma fuera culminado frente al majestuoso cerezo, este que había vivido el romance a sus pies, absorbió tristemente el amor de la pareja mediante sus raíces y comenzó a tornar sus flores rosas para mantener vivo su espíritu y que Sakura y Takuma vivieran eternamente su amor.