viernes, 9 de febrero de 2018

Para llegar a la Normal



Era el primer día de clases del semestre, regresar a la escuela después de una semana de receso hacia que tuviera actitudes de pereza durante la clase. De pronto escuché al maestro preguntar cómo es que llegamos a ser maestros, la verdad, nunca había pensado en ello. En mi mente, momentos de mi vida antes de la Normal empezaron a hacerse presentes.
Supongo que todo empezó en tercer año de preparatoria y que fue una fusión de todas las circunstancias de mi vida. Llegado el tiempo de buscar universidad, aun no tenía definida mi próxima escuela. La única idea que tenía en mente era dejar de estudiar un año, en ese tiempo trabajaría y buscaría alguna carrera que llamará por completo mi atención. Cuando les di la noticia a mis padres, la respuesta fue totalmente negativa. Los reclamos eran diarios -¿cómo se te ocurre?, ¿y si te gusta el dinero fácil?, ¿crees que siempre vas a tener trabajo?, después el estudio será difícil-. La idea de trabajar un año era porque de alguna manera quería independizarme de mis padres, siempre me han dado lo posible y he vivido bajo sus reglas. Tampoco es que quisiera rebelarme o algo parecido. Solo quería vivir una forma de vida a partir de mis propios esfuerzos y después entrar a una carrera totalmente convencida.
Al final mi padre ejerció su autoridad, y más me valía olvidar aquella idea. –Irás a la Normal igual que tú hermana. Tú sabrás si no quieres pasar el examen porque es la única opción- dijo mi padre. Las razones del por qué la Normal fueron varias. Una es la escuela de nivel superior más cercana a mi domicilio. Dos, tenía a una hermana estudiando en la misma escuela. Tres, mostraba algunas aptitudes para la docencia y cuatro, demostrar quién tenía hijas mejor preparadas.
El estudiar en una escuela cercana al domicilio tiene sus ventajas, entre ellas la comodidad de estar en casa, y con ello se esfumaba la idea de independizarme de mis padres. Pero de alguna forma considero que estar en casa es algo positivo pues mi familia me da la seguridad y el apoyo para terminar con éxito mi carrera.
Pensaba que al tener a mi hermana en la misma escuela  mi vida sería un poco más sencilla. Dudas desde el examen de admisión, escritos, planificaciones, materiales o lecturas ella podría ayudarme. Y es verdad, mi formación docente, está influida en gran medida por mi hermana. Es agradable compartir experiencias de nuestros estudiantes, de actividades, material, de cosas graciosas o no tanto que pasaron en el salón o pelear por ideas contrarias y creo que eso es muy importante en mi formación pues me ayuda a tener una perspectiva diferente y perfeccionar mi estilo de docencia.
Pero claro también hay desventajas, es decir; sé que mi hermana es una gran estudiante y no es raro escuchar: -¿ella es hermana de Gabo?, ¿qué tal es?- por compañeros y maestros. Es decir, el grado de responsabilidad y de exigencia era mayor para mí.
Cuando mi hermana me contaba sus experiencias en la primaria, contagiaba la emoción que ella sentía y provocaba el querer experimentar situaciones parecidas. En tiempos de planificaciones y de materiales ayudaba a mi hermana, sugería algunas actividades y hacía material didáctico, eso llamó por completo mi atención. Y mi hermana vio en mí aptitudes que me hacían idónea para la carrera. Pienso que al tener un contacto previo y el apoyo de mi familia, provocó que decidiera la docencia por convicción.
Por último, mi familia paterna siempre ha sido un poco competitiva, si eres exitoso, una buena carrera, o simplemente buenas ganancias en el ganado eres un digno Ramírez. Tiempos atrás dos de mis primas habían presentado examen para entrar en la Normal, el resultado, no obtuvieron un lugar. Después mi hermana presentó examen, el resultado, pronto se convertiría en maestra. Que mejor para mi padre que otra de sus hijas presentará examen y el resultado también fuera positivo, y así resultó. Y en la actualidad la relación con la familia de mi tío es deficiente.

domingo, 14 de enero de 2018

Marcas de correción


Estrategia para corregir textos con los estudiantes
¡Marcas de corrección!
https://www.youtube.com/watch?v=VuaZe45SHOI
 Espero que este vídeo sea de tu ayuda.

martes, 12 de diciembre de 2017

Corrección de textos

La corrección
Y tu, ¿corriges los textos?, ¿cómo lo haces?
Este es un vídeo con una nueva perspectiva para corregir textos.
Espero sea de tu agrado!
https://youtu.be/BNc__8TymNk


domingo, 10 de diciembre de 2017

Sonrisa entristecida
Faltaban pocos minutos para que la jornada del día lunes terminará. –maestra, ¿cuánto falta para salir?, preguntaba un niño al fondo del salón. –Poco, ¿verdad maestra? Pero si no anotas la tarea no vas a salir. Contestaba uno de sus compañeros. Es cierto, falta poco para salir y podrán hacerlo los que ya hayan terminado de escribir la tarea, comenté a los niños.
Sonó el timbre, mientras la mayoría guardaba sus cosas para salir dos niños terminaban de escribir. –Ya terminé, puedo guardar mis cosas. Me preguntó uno de ellos. Solo respondí con un gesto afirmativo. –Ya casi termino maestra. Decía Jared, ansioso de regresar a casa. -¡Por fin!, dijo. –guarda tus cosas, contesté y no se te olvide hacer la tarea.
Nos dirigimos al portón. -¡Adiós maestra!, se despedían algunos. -¡Adiós!, que les vaya bien, no olviden la tarea, me limitaba a contestar. La maestra titular terminó de entregar a todos los niños menos a una niña. –Caro, puedes esperar a que lleguen por Jovana, sino la encargas con doña Mari, -no se preocupe maestra, me espero, contesté.
–Jovana ¿todavía no vienen por ti?, pregunté a la niña. Me respondió con un corto, no. -¿quieres jugar en lo que llegan por ti?, emocionada tomó una de las pelotas y la pateó a donde estaba. Entonces, me percaté de algo, Jovana, mi alumna y yo vestíamos los mismos tenis. –Mira, Jovana- le dije, mostrándole mi tenis. –Son los mismos, y una sonrisa fascinante marcó su pequeño rostro. – ¿Te parece si se lo presumimos a los otros maestros? –pregunté. La sonrisa, seguía en su rostro. Una sonrisa pura, inocente, de una niña de 6 años que vive feliz a pesar de todas las circunstancias de su vida. Tomé su mano y corrimos hacía mis compañeros. Ese momento fue especial, no sé si fue lo más correcto que pude hacer pero por ese instante, sentí como si fuera la hermana mayor de Jovana apuntó de hacer una travesura para después ser regañadas.
-Miren, dije a mis compañeros. Jovana y yo pusimos nuestros pies enfrente. –Son iguales- dijo ella. –Bueno, uno más grande- complementé. Las risas invadieron el momento, -¡qué bonito!- dijo una de mis compañeras, -ya se tomaron una foto- comentó otra. –Aún no, ¿pueden tomarnos una? Aquel momento fue maravilloso. De regreso a la puerta solo podía ver la felicidad de Jovana reflejada en su sonrisa.
-¿Ya llegaron por ti?- pregunté a Jovana. –Aún no, contesto ella. -¿y quién viene por ti?, -mi prima, contestó. Y, ¿tu mami?, -trabaja. ¿Con quién pasas la tarde?, -con mi hermano mayor y a veces con mi papá. El diálogo siguió. Jovana contaba parte de su vida con cierto dolor pero al mismo tiempo con inocencia. La sonrisa que tenía hace poco en su rostro y que al parecer iba a tardar mucho en desaparecer, se borraba poco a poco.
Pensando un poco más en lo que Jovana me contó, pude entender algunos aspectos de su personalidad. Una estudiante brillante, que a veces necesita un poco de apoyo y comprensión para brillar aún más. También pensé en cómo son mis clases. Son lo suficientemente interesantes y atractivas para que no sea algo tedioso y aburrido para mis estudiantes, cumpliendo al mismo tiempo con sus necesidades.
Más importante aún, considero es, el sentido humanista de la docencia. Tomar la enseñanza como principal y única responsabilidad ya no es posible, por lo menos en mi práctica. Conocer la historia de vida de los estudiantes me permitirá entender parte de su personalidad o de su actuar, como con Jovana. Entonces lo descrito en el párrafo anterior se cumplirá de manera automática.  


jueves, 2 de noviembre de 2017

Sakura


Sakura era una bella joven japonesa. Sus padres la querían tanto, no le faltaba ni amor ni cosas materiales, haciendo que su corta vida fuera de lo más agradable y perfecta. Esta felicidad le duró hasta los 20 años pues a esta edad tendría un matrimonio arreglado. Makoto era el joven elegido, un samurái apuesto, valiente, de gran corazón y buenos modales. Al cabo de unas semanas la boda se realizó y la joven pareja comenzó su nueva vida en una pequeña villa al sur del país.
Después de un tiempo la guerra detonó, el imperio japonés mando reclutar a todos los samuráis de la nación. Una mañana el guardia real llamó a la puerta de la nueva pareja pidiendo la presencia de Makoto en el ejército. Al saber la noticia Sakura entristeció y pidió a Makoto que se quedará con ella, a pesar que era un matrimonio arreglado Makoto no le era indiferente además que nunca había estado sola y le daba miedo estarlo.
El deber llamaba al joven samurái. Una mañana listo para partir regaló un pequeño árbol de cerezo a su esposa pidiendo que lo cuidara, y animándola diciendo que regresaría antes de que el árbol comenzará a florecer. Sakura tuvo que resignarse y dejarlo marchar. La promesa le hacía creer que el tiempo de espera iba a ser corto y que la soledad no le afectaría. Con un dulce beso en la frente Makoto se despidió de su amada, a los pocos segundos Sakura solo alcanzaba a ver una silueta borrosa alejándose cada vez más.
Los días empezaron a pasar y pronto se convirtieron en semanas, meses e incluso años. Lo único que mantenía viva a Sakura era la promesa y el árbol de cerezo, el cual visitaba todas las mañanas viendo cómo se llenaba poco a poco de más pétalos blancos, pero entonces Sakura aceptó que Makoto ya no regresaría.
Al cabo de unos días un joven apuesto llegó a la villa, pasó delante de la casa y vio los hermosos pétalos blancos del árbol sobresalir entre la maleza del jardín, por lo que decidió prestar sus servicios como jardinero. Cuando Takuma y Sakura se vieron sus miradas se fusionaron en una sola, clavándose en lo más profundo de sus ojos. La joven pudo decir: -Lo único que puedo ofrecerte es comida y un pequeño sueldo. Takuma sin pensarlo aceptó y a la mañana siguiente muy temprano comenzó a trabajar en el jardín.
La convivencia creció, pasaban mucho tiempo juntos, platicando, riendo, bromeando entre ellos. Se complementaban muy bien. Sakura descubrió un sentimiento que no había sentido antes ni con Makoto ni en su infancia. Constantemente se preguntaba si era amor pero no sabía, ni tampoco sabía si Takuma sentía lo mismo, lo único que podía asegurar era que el sentimiento crecía cada vez más y que necesitaba a Takuma para sentirse completa.
Era un día cálido, Sakura y Takuma descansaban debajo del cerezo, entonces, Takuma robó dulcemente un besó a la joven. Sakura correspondió y sintió como el hormigueo creció, aceptando que ese sentimiento si era amor. Los días siguientes los pasaron juntos, disfrutando de la compañía uno del otro, viendo la magia de la naturaleza y escuchando las hermosas melodías de los pajarillos. Aquella primavera, fue tal vez la mejor para Sakura.   
Una tarde, un caballero alto y de buen porte se acercó a la casa. Makoto había regresado de la guerra. Su sorpresa, ver que el árbol había crecido fuerte y saludable, además, la traición de su mujer. Sakura se excusó diciendo que nunca tuvo noticias de él, y que su matrimonio arreglado era muy difícil de salvar. Makoto no soportó aquella traición y al pie del árbol de cerezo -que había visto crecer el amor de Sakura y Takuma- acabó con la vida de ambos, apareciendo un gran río rojo que tardó mucho tiempo en desaparecer.
Llegado el otoño las flores comenzaron a caer, pronto aquellas ramas coloridas se convirtieron en ramas secas. Makoto lo veía con felicidad y al mismo tiempo con odio, recordaba los pocos momentos felices que había pasado con su esposa antes de partir, pero también, recordaba a su mujer en brazos de otro hombre. Entonces decidió talar el árbol al llegar la primavera, solo tenía recuerdos y estos fueran buenos o malos su corazón dolía.
La primavera llegaba y los primeros rayos del sol acariciaban las ramas del infortunado árbol. Entonces este emitió un resplandor rosáceo y blanquecino. Sorprendido, Makoto se acercó. Vio pequeñas y hermosas flores brotando de las ramas. Esta primavera fue diferente, al menos para el árbol. Los pétalos dejaron de ser blancos, para tonarse en un color rosa, Makoto quedó maravillado y decidió mantenerlo en su jardín.
Cuenta la leyenda, que a partir de que el amor de Sakura y Takuma fuera culminado frente al majestuoso cerezo, este que había vivido el romance a sus pies, absorbió tristemente el amor de la pareja mediante sus raíces y comenzó a tornar sus flores rosas para mantener vivo su espíritu y que Sakura y Takuma vivieran eternamente su amor.