Era el primer día de clases del
semestre, regresar a la escuela después de una semana de receso hacia que
tuviera actitudes de pereza durante la clase. De pronto escuché al maestro
preguntar cómo es que llegamos a ser maestros, la verdad, nunca había pensado
en ello. En mi mente, momentos de mi vida antes de la Normal empezaron a
hacerse presentes.
Supongo que todo empezó en tercer año
de preparatoria y que fue una fusión de todas las circunstancias de mi vida.
Llegado el tiempo de buscar universidad, aun no tenía definida mi próxima
escuela. La única idea que tenía en mente era dejar de estudiar un año, en ese
tiempo trabajaría y buscaría alguna carrera que llamará por completo mi
atención. Cuando les di la noticia a mis padres, la respuesta fue totalmente
negativa. Los reclamos eran diarios -¿cómo se te ocurre?, ¿y si te gusta el
dinero fácil?, ¿crees que siempre vas a tener trabajo?, después el estudio será
difícil-. La idea de trabajar un año era porque de alguna manera quería
independizarme de mis padres, siempre me han dado lo posible y he vivido bajo
sus reglas. Tampoco es que quisiera rebelarme o algo parecido. Solo quería
vivir una forma de vida a partir de mis propios esfuerzos y después entrar a
una carrera totalmente convencida.
Al final mi padre ejerció su
autoridad, y más me valía olvidar aquella idea. –Irás a la Normal igual que tú
hermana. Tú sabrás si no quieres pasar el examen porque es la única opción-
dijo mi padre. Las razones del por qué la Normal fueron varias. Una es la
escuela de nivel superior más cercana a mi domicilio. Dos, tenía a una hermana
estudiando en la misma escuela. Tres, mostraba algunas aptitudes para la
docencia y cuatro, demostrar quién tenía hijas mejor preparadas.
El estudiar en una escuela cercana al
domicilio tiene sus ventajas, entre ellas la comodidad de estar en casa, y con
ello se esfumaba la idea de independizarme de mis padres. Pero de alguna forma
considero que estar en casa es algo positivo pues mi familia me da la seguridad
y el apoyo para terminar con éxito mi carrera.
Pensaba que al tener a mi hermana en
la misma escuela mi vida sería un poco
más sencilla. Dudas desde el examen de admisión, escritos, planificaciones, materiales
o lecturas ella podría ayudarme. Y es verdad, mi formación docente, está
influida en gran medida por mi hermana. Es agradable compartir experiencias de
nuestros estudiantes, de actividades, material, de cosas graciosas o no tanto
que pasaron en el salón o pelear por ideas contrarias y creo que eso es muy
importante en mi formación pues me ayuda a tener una perspectiva diferente y
perfeccionar mi estilo de docencia.
Pero claro también hay desventajas, es
decir; sé que mi hermana es una gran estudiante y no es raro escuchar: -¿ella
es hermana de Gabo?, ¿qué tal es?- por compañeros y maestros. Es decir, el
grado de responsabilidad y de exigencia era mayor para mí.
Cuando mi hermana me contaba sus
experiencias en la primaria, contagiaba la emoción que ella sentía y provocaba
el querer experimentar situaciones parecidas. En tiempos de planificaciones y
de materiales ayudaba a mi hermana, sugería algunas actividades y hacía
material didáctico, eso llamó por completo mi atención. Y mi hermana vio en mí
aptitudes que me hacían idónea para la carrera. Pienso que al tener un contacto
previo y el apoyo de mi familia, provocó que decidiera la docencia por convicción.
Por último, mi familia paterna siempre
ha sido un poco competitiva, si eres exitoso, una buena carrera, o simplemente
buenas ganancias en el ganado eres un digno Ramírez. Tiempos atrás dos de mis
primas habían presentado examen para entrar en la Normal, el resultado, no
obtuvieron un lugar. Después mi hermana presentó examen, el resultado, pronto
se convertiría en maestra. Que mejor para mi padre que otra de sus hijas
presentará examen y el resultado también fuera positivo, y así resultó. Y en la
actualidad la relación con la familia de mi tío es deficiente.

