jueves, 2 de noviembre de 2017

Sakura


Sakura era una bella joven japonesa. Sus padres la querían tanto, no le faltaba ni amor ni cosas materiales, haciendo que su corta vida fuera de lo más agradable y perfecta. Esta felicidad le duró hasta los 20 años pues a esta edad tendría un matrimonio arreglado. Makoto era el joven elegido, un samurái apuesto, valiente, de gran corazón y buenos modales. Al cabo de unas semanas la boda se realizó y la joven pareja comenzó su nueva vida en una pequeña villa al sur del país.
Después de un tiempo la guerra detonó, el imperio japonés mando reclutar a todos los samuráis de la nación. Una mañana el guardia real llamó a la puerta de la nueva pareja pidiendo la presencia de Makoto en el ejército. Al saber la noticia Sakura entristeció y pidió a Makoto que se quedará con ella, a pesar que era un matrimonio arreglado Makoto no le era indiferente además que nunca había estado sola y le daba miedo estarlo.
El deber llamaba al joven samurái. Una mañana listo para partir regaló un pequeño árbol de cerezo a su esposa pidiendo que lo cuidara, y animándola diciendo que regresaría antes de que el árbol comenzará a florecer. Sakura tuvo que resignarse y dejarlo marchar. La promesa le hacía creer que el tiempo de espera iba a ser corto y que la soledad no le afectaría. Con un dulce beso en la frente Makoto se despidió de su amada, a los pocos segundos Sakura solo alcanzaba a ver una silueta borrosa alejándose cada vez más.
Los días empezaron a pasar y pronto se convirtieron en semanas, meses e incluso años. Lo único que mantenía viva a Sakura era la promesa y el árbol de cerezo, el cual visitaba todas las mañanas viendo cómo se llenaba poco a poco de más pétalos blancos, pero entonces Sakura aceptó que Makoto ya no regresaría.
Al cabo de unos días un joven apuesto llegó a la villa, pasó delante de la casa y vio los hermosos pétalos blancos del árbol sobresalir entre la maleza del jardín, por lo que decidió prestar sus servicios como jardinero. Cuando Takuma y Sakura se vieron sus miradas se fusionaron en una sola, clavándose en lo más profundo de sus ojos. La joven pudo decir: -Lo único que puedo ofrecerte es comida y un pequeño sueldo. Takuma sin pensarlo aceptó y a la mañana siguiente muy temprano comenzó a trabajar en el jardín.
La convivencia creció, pasaban mucho tiempo juntos, platicando, riendo, bromeando entre ellos. Se complementaban muy bien. Sakura descubrió un sentimiento que no había sentido antes ni con Makoto ni en su infancia. Constantemente se preguntaba si era amor pero no sabía, ni tampoco sabía si Takuma sentía lo mismo, lo único que podía asegurar era que el sentimiento crecía cada vez más y que necesitaba a Takuma para sentirse completa.
Era un día cálido, Sakura y Takuma descansaban debajo del cerezo, entonces, Takuma robó dulcemente un besó a la joven. Sakura correspondió y sintió como el hormigueo creció, aceptando que ese sentimiento si era amor. Los días siguientes los pasaron juntos, disfrutando de la compañía uno del otro, viendo la magia de la naturaleza y escuchando las hermosas melodías de los pajarillos. Aquella primavera, fue tal vez la mejor para Sakura.   
Una tarde, un caballero alto y de buen porte se acercó a la casa. Makoto había regresado de la guerra. Su sorpresa, ver que el árbol había crecido fuerte y saludable, además, la traición de su mujer. Sakura se excusó diciendo que nunca tuvo noticias de él, y que su matrimonio arreglado era muy difícil de salvar. Makoto no soportó aquella traición y al pie del árbol de cerezo -que había visto crecer el amor de Sakura y Takuma- acabó con la vida de ambos, apareciendo un gran río rojo que tardó mucho tiempo en desaparecer.
Llegado el otoño las flores comenzaron a caer, pronto aquellas ramas coloridas se convirtieron en ramas secas. Makoto lo veía con felicidad y al mismo tiempo con odio, recordaba los pocos momentos felices que había pasado con su esposa antes de partir, pero también, recordaba a su mujer en brazos de otro hombre. Entonces decidió talar el árbol al llegar la primavera, solo tenía recuerdos y estos fueran buenos o malos su corazón dolía.
La primavera llegaba y los primeros rayos del sol acariciaban las ramas del infortunado árbol. Entonces este emitió un resplandor rosáceo y blanquecino. Sorprendido, Makoto se acercó. Vio pequeñas y hermosas flores brotando de las ramas. Esta primavera fue diferente, al menos para el árbol. Los pétalos dejaron de ser blancos, para tonarse en un color rosa, Makoto quedó maravillado y decidió mantenerlo en su jardín.
Cuenta la leyenda, que a partir de que el amor de Sakura y Takuma fuera culminado frente al majestuoso cerezo, este que había vivido el romance a sus pies, absorbió tristemente el amor de la pareja mediante sus raíces y comenzó a tornar sus flores rosas para mantener vivo su espíritu y que Sakura y Takuma vivieran eternamente su amor.